Cómo tener una actitud positiva y de gratitud en el día a día

Dar las gracias no sólo sirve para ser educado, también es un acto poderoso que infunde energía. Sentirse agradecido proporciona una sensación de plenitud, de conexión con el aquí y el ahora y, sobre todo, de equilibrio y paz interior.

Aunque no siempre somos conscientes, dar las gracias y sentir agradecimiento por las cosas buenas de la vida, las que realmente valen la pena, nos conecta con nosotros mismos y con nuestro entorno, nos devuelve la fe y las ganas de esforzarnos por conseguir nuestros objetivos. Por eso es tan importante ser conscientes del valor que tiene dar las gracias a diario y de incluir esta práctica siempre que se pueda en las rutinas diarias.

Crecer antes de agradecer

En el camino hacia la salud integral y el bienestar también hay que tener en cuenta la salud emocional y la paz mental. Pero, ¿cómo se consigue el nirvana? ¿Es que acaso podemos ser como Siddharta Gautama? Pues no. Y tampoco es necesario llevar una vida ascética de meditación y renuncia. Pero sí que podemos implementar pequeñas prácticas espirituales (no es necesario que sean religiosas) y de gestión emocional para sobrellevar la vida de una manera más amable contigo mismo/a y con tu entorno. Y con “pequeñas prácticas” me refiero a acciones concretas y ejercicios de reflexión que nos van a ayudar a sentirnos mejor y a crecer como personas.

¿Por dónde empezar?

Para poder sentir gratitud hay que aprender a ser amable y tolerante con uno/a mismo/a, y esto no siempre es fácil, sobre todo si eres una persona exigente, perfeccionista o has estado bajo el yugo de la exigencia o la falta de flexibilidad durante mucho tiempo. Esta falta de flexibilidad y de tolerancia puede venir del exterior o del interior, por lo que es necesario realizar un ejercicio de análisis para identificar la fuente, de dónde viene esa rigidez.

Los límites

Si la rigidez viene del exterior, es necesario comprender los límites, tanto de los demás como los propios. Los límites son necesarios para establecer un orden y reconocer la realidad de una forma lógica. No podemos aprender a volar y tampoco podemos pretender que los demás vuelen. Por lo que hay que ser realistas y pragmáticos e intentar comprender las circunstancias desde un punto de vista analítico y desapegado de las emociones fuertes.

Si la rigidez viene del interior, entonces deberemos buscar el orígen de esa aspereza y pulirla hasta que la superficie sea suave y agradable. Para poder llegar a esa suavidad, hay que aprender a ser tolerantes con uno/a mismo/a, hay que saber perdonarnos los errores, y darnos la mano para ser nuestra mejor compañía. No hay que olvidar que la tolerancia empieza por uno mismo y que suele ser el reflejo de un mundo interior cultivado y rico. Cuando somos tolerantes y compasivos en el interior, también lo podemos ser en el exterior, ya que solemos proyectar lo que hay dentro en los otros. 

Este ejercicio es uno de los más difíciles, ya que hay que saber diferenciar entre la tolerancia y la dejadez. No por ser tolerantes vamos a ser blandos con nuestros defectos y dejar de trabajar en la mejora. Es cuestión de reconocerlos, aceptarlos, entender que somos falibles y que no pasa nada, que es perfectamente natural y saludable, y así, poder empezar a trabajar para ser mejor persona. Precisamente en nuestros defectos y debilidades podemos encontrar el camino y los recursos para mejorar. Porque, ¿quién es perfecto?

Al respecto de la tolerancia con los demás, también hay que comprender los límites de los otros y, de la misma forma que no podemos ser blandos con nuestros propios defectos, tampoco lo podemos ser con los defectos de los demás. Tolerantes sí, comprensivos también, pero no podemos dejar que el ego de los otros nos gobierne de manera injusta por ser permisivos. Como dice Lao Tse en su obra maestra del Tao Te King:

Entre asentir y consentir hay poca diferencia, pero qué grande es la diferencia entre el bien y el mal.

Por eso es importante reconocer y establecer los límites para mantener la armonía, tanto en el interior como en el exterior.

Las emociones

Reconocer las emociones y darles nombre es otra parte del ejercicio, porque nos van a nublar el juicio si no somos capaces de manejarlas. Las emociones funcionan como mecanismos de defensa de nuestra psique para indicarnos que algo importante está pasando. Tanto si se trata de emociones que percibimos como  negativas, o emociones positivas, lo más importante es detectar de qué tipo de emoción se trata y cuál es la causa que la está produciendo. 

Al respecto podemos basarnos en las seis emociones básicas y extraer sus derivados para destilar el sentido de lo que estamos sintiendo. Según Paul Ekman, psicólogo estadounidense que propuso este patrón y que es el modelo con mayor aceptación entre los estudiosos, ya que se consideran biológicamente básicas y culturalmente las más extendidas, las seis emociones básicas de las cuales derivan el resto son:

  • sorpresa

  • asco

  • tristeza

  • ira

  • miedo

  • alegría

Pero hay muchos modelos al respecto y la dimensión emocional es vasta y compleja. Por eso no es sencillo reconocer qué estamos sintiendo, el porqué, y cómo gestionar nuestras emociones. Pero lo que sí que es cierto es que una vez que las identificamos, les ponemos nombre y le damos un lugar concreto, podemos empezar el trabajo de aceptación para continuar adelante.

La aceptación

La tolerancia, de la que hablábamos antes, y la aceptación van de la mano. Pero ser tolerantes y comprender nuestras emociones no es suficiente para alcanzar la aceptación. En la filosofía oriental China, en concreto en el libro del I Ching, hay un concepto que funciona muy bien para definir qué supone la aceptación y que a su vez nos indica cómo alcanzarla: el desapego

El desapego es lo que hoy en día se conoce vulgarmente como “fluir”. Dejarse llevar, no luchar contra las cosas que no podemos modificar, no ofrecer resistencia. La rigidez de la que hablábamos antes, sobre todo la que viene del exterior, representaría esas cosas que no podemos cambiar y que debemos reconocer como tal

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Pongamos un ejemplo: si otra persona no comprende o no quiere comprender tu punto de vista, independientemente de que esté de acuerdo o no, no podemos “obligarle a ver”. Deberemos aceptar que hay otras realidades y que nuestra visión no es la única, aunque pensemos que tenemos razón y que los demás se equivocan. Solo podemos esperar a que llegue el momento oportuno en el que se den las circunstancias adecuadas para que el entendimiento mutuo se dé o que la otra persona esté dispuesta a entender.

Mientras llega ese momento el desapego entra en acción. Mantenerse despegado mientras las circunstancias son adversas o no podemos influenciar en los demás significa aceptar las cosas como son y mantener una actitud de reserva, en la que seguimos con nuestra vida intentando que esa cuestión no ocupe nuestra mente y no se adueñe de nuestras emociones.

Para ello deberemos dar un lugar, un tiempo y un sentido concreto a la cuestión y aceptar la realidad hasta que las cosas cambien. Y si no cambian, de igual modo deberemos aceptar los límites con tolerancia y mantener nuestras emociones bajo control, no prestando atención ni intentando interferir en la cuestión. Y no se trata de fingir un falso desinterés mediante “la indiferencia como castigo” hacia los demás, impuesta por el ego. Se trata de un ejercicio de reconocimiento, de comprensión y de compasión: en definitiva, aceptación.

Cómo la gratitud te puede ayudar

Cuando hemos hecho un trabajo profundo de autoconocimiento y de aceptación, podemos sentir la gratitud de lo bueno en nuestras vidas porque habremos dejado el espacio mental y emocional suficiente como para abordar la gratitud desde una posición honesta y entregada. Nos sentiremos liberados del peso de la culpa, del ego o de la desesperanza y estaremos dispuestos a sentir profundamente la gratitud.

Tener una actitud de gratitud hacia la vida nos reconcilia con el mundo y nos conecta con quienes somos en realidad. Nos ayuda a ser conscientes de lo bueno que tenemos en nuestra vida y a valorarlo como un tesoro, independientemente del mundo material, es una afirmación de bondad y calidez. La práctica espiritual de dar las gracias, apreciar, respetar y reconocer todas las cosas buenas en nuestra vida no solo nos hace sentir mejor, sinó que nos ayuda en la mejora física, mental y emocional

Existe una amplia investigación que muestra los efectos positivos de la gratitud. Los estudios sobre la gratitud demuestran que puede aumentar los sentimientos de salud y felicidad, así como proporcionar impactos medibles en la calidad del sueño, disminuir la presión arterial, estabilizar los niveles de azúcar en la sangre y propiciar la adopción de hábitos alimenticios más saludables. Además, tener una actitud de gratitud y practicarla habitualmente puede crear un cambio positivo duradero en el cerebro. La ciencia demuestra que los beneficios de una breve práctica de gratitud pueden durar hasta al menos 12 semanas.

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Cómo implementar ejercicios de gratitud en tu práctica diaria

Tener una visión amable y positiva del mundo mediante la gratitud nos ayuda en nuestro camino a la salud y al bienestar. Pero, ¿cómo practicarla? Aquí te dejo pequeños ejercicios para que puedas realizar a diario o de forma habitual e incorporarlas a tu rutina.

Diario Personal

Escribir es un ejercicio fantástico para ser capaz de ponerle nombre a aquellas emociones que nos invaden, a tener una visión más objetiva y a analizar lo que realmente está sucediendo. Dedicar unas líneas a agradecer cada día lo bueno en nuestras vidas, aunque sea la belleza de la lluvia, la satisfacción de un trabajo bien hecho o tener disponible un refugio en el que sentirse en confianza (ya sea físico, mental o espiritual) son motivos suficientes para agradecer.

Gratitud con tus Seres Queridos

Puedes escribir una carta o hablar directamente con esas personas especiales que forman parte de tu vida y que están a tu lado. Incluso si se trata de personas que ya no estan a tu lado porque forman parte del pasado o porque ya no pueden estar contigo por circunstancias, escribirles una carta agradeciendo por todas las cosas buenas que te aportaron tiene un efecto reparador y conciliador en el interior. Ayuda a sanar viejas heridas y a conectarte con el amor verdadero.

Alimentación

Agradecer que podemos comer, que la comida es deliciosa o que nos ayuda en nuestro proceso o camino al bienestar nos hace más conscientes de lo importante que es la alimentación y tener acceso a una alimentación sana y equilibrada. Si cada vez que comemos algo pensamos en lo afortunados que somos, la comida sabe mucho mejor y se percibe desde una visión más positiva. Nos acerca al compromiso de comer mejor, de valorar y comprometernos con una dieta sana y equilibrada.

Meditación + Gratitud

Los beneficios de la meditación para la salud son bien conocidos: incluyen la reducción del estrés, una mayor conciencia de los patrones de pensamiento negativos, una mejor conexión personal, un mejor sueño y la reducción del dolor crónico.

Puedes combinar los beneficios de la meditación con los beneficios de la gratitud. Puedes probar esta meditación de gratitud y alegría de Jack Kornfield y comprobar sus beneficios.

Conecta con la Naturaleza

Ser conscientes del entorno y de la belleza de la naturaleza te conecta con el mundo y te llena de energía. Prueba a dar un paseo por un entorno natural, descálzate, siente la tierra bajo tus pies, observa las nubes pasar, el canto de las aves, la brisa en la cara o el aroma de la hierba recién cortada.

 También puedes salir a pasear por la ciudad, si no tienes cerca un bosque o un parque, y simplemente observar el entorno, la gente pasar, los perros, los niños jugando, el bullicio en contraposición con la tranquilidad interior y la vibración del aire. En definitiva, un “paseo para saborear” puede tener muchos beneficios para la salud mental y física, que incluyen reducción de la depresión y la ansiedad, mejora de la función inmunológica, disminución de la obesidad y la diabetes, y mucho más.

Diálogo Interno Sano

Mantener un diálogo interno sano es quizá el ejercicio más importante, pues determina la calidad de nuestra dimensión interna, ese espacio entre nosotros y el exterior. En nuestro diálogo interno no deberemos dejar que penetren ideas o conceptos tóxicos, falacias o dinámicas repetitivas que nos anclan al pasado, al miedo al futuro, a la desesperanza o la vanidad, entre otras cosas. Por el contrario, deberemos guiarnos por la predisposición a asumir nuestra responsabilidad respecto a nuestros actos, a comprender y respetar a los demás (teniendo en cuenta los límites), a perdonar nuestras faltas, a amarnos y sobre todo a tener una predisposición a la gratitud, tanto para los demás como para con nosotros/as mismo/as.

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Conclusión

Para resumir todo lo que hemos desarrollado en el artículo, podemos basarnos en un método que se ha puesto muy de moda en estos últimos tiempos y que se basa en una práctica ancestral de la Polinesia llamada Ho’oponopono, que fue el nombre que se le dió en la región de Hawai, y que significa algo parecido a higiene mental o limpieza mental. Normalmente era una práctica que se realizaba en familia o en comunidad, y que dirigía una chamán o sacerdote para que las personas participantes tuvieran un espacio para expresar el perdón, el arrepentimiento, la culpa o la reconciliación desde la voluntad de conseguir la armonía y el amor en la comunidad. Se trataba de un acto voluntario en el que cada participante reconocía sus fallos y de un acto de perdón sincero de todas las personas involucradas.De esta manera, se conseguían paliar dolencias (algunas incluso físicas) y conflictos y restablecer la paz y la salud. 

Hoy en día, por desgracia, no tenemos estos mecanismos de sanación y restauración tan integrados. Vivimos en el mundo más interconectado de la historia de la humanidad, pero donde los individuos pueden sentir la soledad y el aislamiento que produce la falta de comunicación efectiva y de calidad.

Pero no todo está perdido. Podemos adaptar estas prácticas de sanación y autoconocimiento, de una forma integral a nuestras vidas mediante algunos ejercicios que nos ayuden a mejorar y a sentir la plenitud y la armonía en nuestras vidas.

Podemos resumirlo en cuatro frases para aplicarlas con los demás y con nosotros/as mismos/as:

Gracias

Lo siento

Perdóname

Te amo

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